Me asomo para saber el fondo.
Entré en la pupila de la noche, até soga como si corbata: quise caer, pero ese no era sitio. Preguntaron por qué me iba, pude contestar eso: me voy porque aquí no es lugar para caer. Andé hasta ignorar el suelo, y en su orilla, el hombre despeñadero me vuelve hacia sí.

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